El Consejo de Ulemas no remite en su cólera contra el primer canal privado afgano, Tolo TV. Los religiosos consideran que sus programas son «inmorales y anti islámicos » y, desde su creación en octubre de 2004, ejercen enormes presiones sobre el presidente Hamid Karzaï, para que se prohíba el canal.
Esa manifiesta hostilidad es difícil de soportar para los jóvenes periodistas de Tolo TV, con sede en Kabul.
Shakeb Issar, presentador del programa musical « Hop », se vio obligado a huir del país, tras recibir amenazas de muerte. Su antigua colega, Shaima Rezayee, de 24 años, apareció muerta en mayo de 2005. El propio presidente, muy conservador, del Tribunal Supremo había declarado que la joven presentadora « corrompía a la sociedad ».
Los programas informativos de Tolo TV cortan con el casposo estilo de la televisión del Estado. Los periodistas investigan sobre todos los temas. En junio de 2005 un periodista se vio acosado tras difundir un reportaje sobre el tráfico de tierras, en el que estaban implicados altos personajes del Estado.
Tolo TV, que pertenece al mismo grupo que la muy popular radio Arman FM, acaba de poner en marcha el primer talk-show para las mujeres del país, « Bonu ».
Algunas conquistas frágiles para los medios de comunicación afganos
Desde la caída de los talibanes en 2001, los medios de comunicación afganos no han dejado de reclamar mayor libertad de expresión. Ciertamente, la Constitución de 2004 garantiza la libertad de prensa, pero con los límites que impone la ley islámica. Los medios de comunicación jugaron un papel esencial en el buen desarrollo de las elecciones legislativas de 2005, pero los detentadores del poder utilizan los medios públicos para servir a sus intereses.
El recrudecimiento de la violencia de los talibanes en el Sur y el Este también ha afectado a la prensa. Un reportero murió en un ataque, y varios medios de comunicación sufrieron atentados, en esas regiones.
Por su parte, los conservadores religiosos intenta silenciar las voces críticas. Así, Ali Mohaqiq Nasab acaba de ser condenado por un tribunal de Kabul a dos años de cárcel. Tras un juicio parcial, el redactor jefe de la revista Haqoq-e-Zan (Derechos de las mujeres) ha sido considerado culpable de blasfemia, por reproducir algunos artículos condenando prácticas arcaicas, tales como la lapidación y los castigos corporales.
La principal resistencia a la emergencia de un pluralismo en los medios de comunicación procede del Tribunal Supremo, bastión de los conservadores. Regularmente, los jueces hacen campaña contra la televisión por cable, Internet y las mujeres periodistas.
El presidente Hamid Karzaï no siempre se ha mostrado dispuesto a defender la libertad de prensa. En 2004 aceptó prohibir temporalmente la televisión por cable, y formar una comisión encargada de verificar que los canales no difundan programas « anti islámicos e inmorales ».
En un país donde cerca del 65% de la población es analfabeta, los medios audiovisuales resultan estratégicos. Y así, ahora existen al menos 50 radios afganas en la banda FM. En cambio, la prensa escrita está debilitada por los recurrentes problemas económicos. La mayoría de las publicaciones dependen económicamente de facciones políticas, ONG’s o grupos religiosos.

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