Reporteros sin fronteras

Les prédateurs

Rusia
Vladimir Putin
Primer Ministro y futuro presidente

¿Logrará Vladimir Putin salir del club de los predadores de la libertad de prensa? Todo dependerá de lo que el ex y futuro Presidente de la Federación de Rusia haga en su nuevo mandato después de su investidura, el 7 de mayo de 2012. La palabra clave del ex oficial de la KGB, en los altos mandos desde el año 2000, ha sido hasta ahora “control”: del Estado, de las fuerzas económicas y políticas, de las apuestas geopolíticas y de los medios de comunicación. La distribución “vertical del poder”, fórmula que resume su política de reconstrucción de un Estado fuerte (pero no imparcial) tras los años de confusión y de dilución de la autoridad de Boris Yeltsin, ha atravesado todos los estratos de la sociedad. La prensa no ha escapado. Además de instrumentalizar grupos e instituciones, como la joven guardia patriótica los “Nachi” (Los Nuestros), Vladimir Putin ha creado un clima que, inflando al máximo el sentimiento de orgullo nacional, autoriza las exacciones contra las mentes libres e independientes, estableciendo un régimen de impunidad que irremediablemente se aleja del Estado de Derecho. Los periodistas independientes y los defensores de los derechos humanos, sobre todo en el Cáucaso Norte, han pagado el precio. Del atentado contra Mikhaïl Beketov en noviembre de 2008, a los ataques que sufrió Oleg Kachine en noviembre de 2010, en estos últimos años se han multiplicado las agresiones extremadamente violentas contra los periodistas. En 2009 asesinaron a cinco de ellos a causa de sus actividades profesionales; al menos 26 periodistas han perdido la vida desde que Vladimir Putin llegó al poder. Asimismo, se tomó el control de las cadenas de televisión.

El pasivo es entonces elevado. Pero Rusia cambia. A medida que el recuerdo de la Unión Soviética se aleja, la clase media en ascenso se reconoce cada vez menos en la retórica autoritaria, nostálgica y muy paranoica del líder del partido Rusia Unida. ¿Éste sabrá adaptarse y encarnar la modernización y la liberalización del país, incluso sobre el plano político? Nada es menos seguro. Su respuesta a la ola de protestas sin precedente que recorre el país desde diciembre de 2011 estuvo dominada por el menosprecio: en su opinión, a los manifestantes les pagaban por marchar y llevaban “preservativos” en el ojal (en realidad eran cintas blancas); los medios de comunicación críticos estaban manipulados por el Departamento de Estado estadounidense. Por otra parte, estos medios de comunicación han enfrentado una extraña serie negra de cambios de dirección y de presiones internas. No obstante, se han hecho promesas de democratización. Algunos canales de televisión hasta se atrevieron a concederle la palabra a la oposición política. Vladimir Putin, ¿elegirá acompañar el movimiento intentando salvar lo que se pueda o seguirá encerrado en su antiguo sistema? Una buena parte del futuro de la prensa rusa depende de la respuesta que el jefe del Kremlin ofrezca a esta cuestión.

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