Para proteger su reputación, el presidente kazajo estableció penas de prisión por todo insulto a su “honor” y “dignidad”. También promulgó enmiendas draconianas para regular el registro de los medios de comunicación. Una de estas disposiciones facilita la liquidación judicial de periódicos y prohíbe a los profesionales que hayan colaborado con alguna publicación suspendida trabajar durante tres años. Internet también se encuentra sometida a este apetito de control, a tal punto que en 2012 Kazajistán fue clasificado como un país “bajo vigilancia” por su recurrente uso de la cibercensura.
Los periodistas y los medios de comunicación que cubren asuntos relativos a la corrupción y problemas relacionados con la explotación de hidrocarburos padecen de forma regular agresiones y persecuciones. Desde que se ahogó con sangre de la rebelión de petroleros de Janaozen, en diciembre de 2011, la presión sobre los medios de comunicación independientes se incrementó de manera considerable. Los colaboradores del diario Golos Respubliki y de Stan TV, acostumbrados al acoso de las autoridades, ahora son convocados por el Comité de Seguridad Nacional (KNB) prácticamente cada semana. El jefe de redacción de Vzgliad, Igor Viniavski, fue encarcelado cerca de dos meses por un caso completamente fabricado. Otro periodista y opositor, Lukpan Akhmediarov, escapó por poco de un intento de asesinato en abril de 2012. Al parecer el fin del reino será aún más brutal que su inicio, y el presidente Nazarbayev aún no ha quemado su último cartucho.