Los talibanes, que controlan numerosos distritos afganos, recurren a los secuestros de periodistas, a los ataques suicidas y a los artefactos explosivos improvisados (EEI) para instaurar el terror. Al este de Afganistán Jafar Vafa, joven periodista de radio de Kaleh ghosh, fue asesinado por uno de estos artefactos en noviembre 2011. Antes que él, Rupert Hamer, corresponsal del semanario británico The Sunday Mirror, y Michelle Lang, de Calgary Herald, fueron asesinados en condiciones similares.
Aunque los dos periodistas franceses de France 3, Hervé Ghesquière y Stéphane Taponier, fueron liberados el 29 de junio de 2011, los talibanes son responsables de un creciente número de asesinatos de ciudadanos y periodistas. La inseguridad, que favorece el dominio de los talibanes en la población, crea verdaderos hoyos negros de la información en el sur y el este del país, así como en el oeste de Pakistán. Los militantes no dudan en ejecutar a los periodistas a plena luz del día y frente a los ojos de todos. El 17 de enero de 2012 los Tehrik-e-Taliban Pakistan ejecutaron a Mukarram Khan Atif, corresponsal de Deewa Radio, mientras éste rezaba en una mezquita de la provincia de Khyber Pakhtunkhwa.
Pese a sus diferencias y las fronteras que los separan, estos grupos criminales encuentran unidad en su combate contra la libertad de informar y el acceso a la información, emprendido en nombre de la religión. Su presencia constituye una amenaza permanente para los profesionales de los medios de comunicación. Terror y autocensura son las palabras clave que se aplican a las regiones bajo su control.