Pese a una política de apertura económica para atraer a las potencias rusa y occidentales, el ex Ministro de Salud y dentista personal del difunto "Turkmenbachi" (Padre de los Turkmenos) sigue siendo inflexible con la prensa. No conocemos el número exacto de periodistas y defensores de los derechos humanos encarcelados o recluidos en centros psiquiátricos. El Estado reina por completo en los cinco canales televisivos, los 25 periódicos y las 15 revistas nacionales. Incluso los programas de los canales rusos transmitidos en el país son censurados antes de su difusión. Si bien recientemente se ha abierto un puñado de cibercafés, estos permanecen bajo una estrecha vigilancia y sólo permiten acceder a una versión ultracensurada de la Web llamada "Turkmenet". La propagación del Internet móvil permitió a simples ciudadanos dar a conocer al mundo la mortífera explosión de un almacén de armas en las afueras de la capital en julio de 2011. Pero la represión fue feroz.
En realidad, Berdymukhamedov parece más preocupado por incrementar su culto personal que por dejar que se expresen las críticas. La supresión de los aspectos más excéntricos del reino de su predecesor, Saparmurat Niyázov, había generado esperanza. Agotada. Si bien ya no se nombran los días y los meses, según los miembros de la familia del difunto líder, ahora el nuevo presidente se hace llamar oficialmente “Arkadag” (Protector). Su retrato, en el que aparece sonriente, tiende a remplazar en todos lados el de su antecesor; sus libros encabezan las ventas y su padre es glorificado por haber aducado a un hombre “infinitamente fiel a su pueblo”. No cabe duda de que la prensa local espera con impaciencia el nuevo “libro santo”, a cuya redacción se habrá consagrado Gurbanguly Berdymukhamedov. Éste remplazará el “Rukhnama”, compilación de los preceptos del difunto dictador, cuya enseñanza es obligatoria a todos los niveles en las escuelas.