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Treinta y ocho jefes de Estado o jefes de la guerra siembran el terror entre los periodistas

Treinta y ocho jefes de Estado o jefes de la guerra siembran el terror entre los periodistas

Publicado el Martes 3 de mayo de 2011. Actualizado el Miércoles 4 de mayo de 2011.
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Oriente Medio: los predadores de la libertad de prensa vacilan

Cabecillas de aparatos represivos, responsables políticos de un régimen hostil a las libertades, organizadores directos de campañas de violencia contra los periodistas, estos son los predadores de la libertad de prensa. Los medios de comunicación son su presa.

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Treinta y ocho predadores este año. Destacan los de África del Norte y de Oriente Medio, donde se desarrollaron los acontecimientos más intensos, los más apasionantes, pero también los más trágicos de estos últimos meses. En el mundo árabe, los importantes cambios marcaron la lista de los predadores 2011. Cayeron algunas cabezas. La primera, la del presidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali, quien dejó el poder el 14 de enero de 2011, abriendo a su pueblo un campo de posibilidades para la democracia.

Otros predadores, como el yemení Ali Abdullah Saleh, sobrepasado por la ola de protestas de su país, o su homólogo sirio, Bachar el Asad, quien responde a las aspiraciones democráticas con la política del terror, vacilarían desde su pedestal. ¿Qué decir de Muamar el Gadafi, Guía de la Revolución, convertido en guía de una violencia sorda a toda razón contra su pueblo? Qué decir de Bahréin, donde el rey Hamad bin Isa al Khalifa debería responder un día por la muerte de cuatro activistas que se encontraban detenidos, entre ellos el fundador del único periódico de oposición, y por la vasta operación de represión contra los manifestantes a favor de una apertura democrática del país.

En la región, la libertad de expresión habrá sido una de las primeras reivindicaciones de la población, habrá sido una de las primeras concesiones de los regímenes de transición; para algunos, habrá sido una de las primeras experiencias, aún muy frágil.

Intentos de manipulación de los corresponsales extranjeros, detenciones arbitrarias y arrestos, expulsiones, prohibición de acceso a ciertas zonas, intimidaciones, amenazas, la lista de exacciones contra la prensa durante la Primavera Árabe da vértigo. En estos cuatro países (Siria, Libia, Bahréin y Yemen), el trabajo de obstrucción de la información llegó hasta el homicidio, como en el caso de Mohamed Al-Nabous, asesinado el 19 de marzo por un francotirador en Bengasi (Libia), o el de dos periodistas asesinados en Yemen el 18 de marzo, tomados directamente como blanco por francotiradores a sueldo del poder.

En Libia, hemos contabilizado más de una treintena de casos de detención arbitraria y una cantidad similar de expulsiones de corresponsales extranjeros. Los métodos son similares en Siria, Bahréin y Yemen, donde el poder multiplica sus esfuerzos para mantener a la prensa alejada para que no difunda las imágenes de la represión.

En pocas ocasiones la prensa fue tanto un reto en los conflictos. Estos regímenes opresivos, tradicionalmente hostiles a la libertad de prensa, hicieron del control de información una de sus claves de sobrevivencia.

Los periodistas se vieron atrapados en el fuego cruzado de violencia entre los militantes y las fuerzas del orden, o bien, se convirtieron en el blanco directo de las autoridades, recordándonos en ambos casos los riesgos que corren en su indispensable misión de información.

Los fotoperiodistas, con frecuencia en el frente, donde se desarrollaba la violencia, en la primera línea de la información, lo pagaron caro desde el inicio del año. Reporteros sin Fronteras rinde homenaje a Lucas Melbrouk Dolega, fotógrafo franco-alemán herido el 14 de enero de 2011 por las fuerzas de seguridad durante una manifestación en Túnez y fallecido tres días más tarde; al británico Tim Hetherington, quien trabajaba para Vanity Fair, y al estadounidense Chris Hondros, de Getty Images, asesinados por un tiro de mortero en Misrata (Libia) el 20 de abril de 2011.

En el resto del mundo

En Asia algunos dirigentes fueron sustituidos, esto no significó que los nuevos líderes cuestionaran el sistema liberticida que tomaban bajo su mando. Thein Sein tomó el lugar de Than Shwe a la cabeza de Birmania. En Vietnam el Partido Comunista eligió como su dirigente a Nguyen Phu Trong, para que sucediera a Nong Duc Manh. En estos dos países, donde actualmente se encuentran encarcelados 14 periodistas (Birmania) y 18 netciudadanos (Vietnam), un predador remplazó a otro. Ellos son el símbolo de dos regímenes que establecieron un aparato penal al servicio de la censura y en los que no es posible vislumbrar alguna esperanza de apertura. La lógica del partido único, los intereses de clan y la unidad nacional caracterizan a estas dictaduras encerradas en ellas mismas, que se han puesto nerviosas por los movimientos de liberación democrática.

La onda de choque de la Primavera Árabe no carece de efecto en la política del predador chino, el presidente Hu Jintao, ni en la del presidente azerí, Ilham Aliev, quienes temen un efecto de contagio. Las autoridades de Pequín han ubicado en lugares secretos a más de treinta disidentes, abogados y defensores de los derechos humanos, sin que sea posible obtener información sobre su suerte. Recientemente Ai Wei Wei, artista famoso a escala internacional, fue arrestado y se ignora el lugar donde se encuentra detenido. Los intentos de manifestación en Bakú, en Azerbaiyán, bajo el modelo de las reivindicaciones árabes, han hecho que las autoridades de este país multipliquen sus maniobras contra los opositores y la prensa: han encarcelado a activistas que empleaban Facebook, secuestrado e intimidado a corresponsales de la publicación de oposición Azadlig, interpelado y golpeado a periodistas que intentaban cubrir la protesta, bloqueado Internet.

Por desgracia, otros predadores siguen igual que siempre: los presidentes Issaias Afeworki, en Eritrea; Gourbangouly Berdymoukhamedov, en Turkménistán; Kim Jong-il, en Corea del Norte, dirigen los peores regímenes totalitarios del mundo, su crueldad es increíble. La centralización del poder hasta el extremo, las purgas, la propaganda omnipresente, no dejan ningún espacio a la libertad.

Los predadores iranís –Mahmud Ahmadineyad, reelegido presidente de la República Islámica de Irán en junio de 2009, y Alí Jamenei, Guía Supremo– son artífices de una represión implacable, acompasada con procesos penales aberrantes contra la oposición política, los periodistas y los defensores de los derechos humanos. Desde junio de 2009 más de 200 periodistas y blogueros han sido detenidos; 40 aún se encuentran encarcelados. Cerca de una centena de ellos se ha visto obligada a huir del país. Actualmente unos 3.000 periodistas se encuentran sin empleo, víctimas de la suspensión de periódicos o porque las autoridades impusieron a su redacción la prohibición de recontratarlos. Reporteros sin Fronteras pugna por el envío urgente a Irán de un relator especial para los derechos humanos, como se establece en la resolución votada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas el 24 de marzo de 2011.

Del otro lado del Atlántico, aparece una figura que entra en la lista de los predadores de la libertad de prensa: las milicias del terrateniente Miguel Facussé Barjum, en Honduras, que tras el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 tienen el campo abierto para reprimir a la prensa de oposición. Su primer blanco son las pequeñas y con frecuencia modestas radios comunitarias que, como David y Goliat, batallan contra los grandes intereses económicos y políticos.

Paquistán y Costa de Marfil: dos prioridades este año

Reporteros sin Fronteras continuará profundizando su trabajo sobre los ataques del crimen organizado contra la libertad de prensa. Un primer informe publicado en marzo de 2011 será apuntalado, ya que la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navanethem Pillay, debe visitar México en los próximos meses (siete periodistas fueron asesinados en el país en 2010).

La misma problemática se registra en Paquistán, donde continúa la triste letanía de asesinatos de periodistas (14 perdieron la vida en poco más de un año). El país sigue siendo uno de los más peligrosos del mundo para la prensa. Las redacciones de las regiones más peligrosas deben reforzar los mecanismos de protección de sus periodistas, expuestos al peligro con mucha frecuencia.

En estos dos Estados, así como en Filipinas, hay un hecho que no ayuda a garantizar la seguridad de la prensa: la impunidad. La negligencia de los potentados locales, la insultante libertad de las mafias, la corrupción, provocan que rara vez se desarrollen investigaciones con resultados convincentes por las exacciones cometidas contra los periodistas. Sin una lucha eficaz contra la impunidad, nunca existirá un progreso de la libertad de prensa.

En lo que concierne a Internet, la prioridad de Reporteros sin Fronteras se concentrará en la defensa de la neutralidad, afectada por varios proyectos de ley. La organización observa con preocupación que se ejerce una presión creciente y más o menos intensa, según la naturaleza de los regímenes, sobre las empresas del sector, en especial sobre los proveedores de acceso, para que asuman el papel de reguladores de la Red.

Costa de Marfil, en el corazón de las noticias de estos últimos meses, continúa siendo una prioridad para Reporteros sin Fronteras, desde que emprendió una misión para dar seguimiento a los medios de comunicación durante la campaña presidencial de octubre-noviembre 2010. De los ataques a los periodistas que estaban a favor a Alassane Ouattara, hasta el riesgo reciente de una cacería de brujas contra aquellos pro Gbagbo, una vez que su rival se instaló en el poder, a inicios de abril (enlace), la organización siguió de cerca la crisis y permanece atenta a su futuro desarrollo.

En Turquía (Reporteros sin Fronteras desarrolló una misión en Estambul el presente mes de abril de 2011), más allá de las leyes liberticidas, en especial aquella sobre el terrorismo y los atentados a la seguridad del Estado, el problema son las prácticas excesivas de la justicia debido a la ignorancia de los magistrados sobre el trabajo del periodismo de investigación, que está en tela de juicio. Un ejemplo reciente de este fenómeno es la encarcelación de Ahmet Sik y de Nedim Sener, dos periodistas reconocidos por sus investigaciones sobre el caso Ergenekon y el funcionamiento de la justicia y la policía turcas.

En la región autónoma del Kurdistán Iraquí, las fuerzas de seguridad de los partidos del gobierno responden a la reciente efervescencia de la multitud con un desencadenamiento de la violencia; los periodistas son los primeros en pagar los platos rotos.

En Vietnam, en manos de un Partido Comunista que retoma el modelo de gestión de la cuestión pública y de represión del gran hermano chino, se multiplican las acciones judiciales contra periodistas y netciudadanos. China e Irán, dos grandes devoradores de sus periodistas, son seguidos de cerca por nuestra organización.

Para numerosos países como Azerbaiyán, Vietnam y Eritrea, así como para las dictaduras de Asia Central (Turkmenistán y Uzbekistán), el silencio de la comunidad internacional más que culpable, es cómplice. Llamamos a los Estados de Derecho a que ya no se escondan detrás de los intereses económicos y geopolíticos.

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